Capítulo Dos

 

 

 

SUEÑO NUEVO, ¿MUERTE NUEVA?

 

    ―Hay ocasiones en la vida en que uno debe detenerse y filosofar. Me refiero a que el mundo que nos rodea, nos lleva a una vorágine de locura que nos anula, entonces lo mejor que puedes hacer es sentarte durante unos minutos y pensar, ¿qué diablos hago aquí? Y tal vez encuentres la respuesta.

El hombre sonrió ante sus propias palabras. En su mano brilló la hoja de un cuchillo que se acercó al rostro de la muchacha.

 

    ―¿Qué diablos hago aquí? Eso debes estar pensando, ¿verdad mi querida? O en las decisiones que te trajeron a esta situación. ¿Qué hubiera pasado si hoy me hubiera levantado más tarde? ¿Si no hubiera ido a trabajar? ¿Si no me hubiera detenido a comprar en la estación? ¿Si no hubiera ayudado a aquel extraño que parecía necesitarlo?

 

    Ella sollozó al sentir el frío del filo en su mejilla. Quiso gritar, pero un trapo incrustado en el interior de su boca no se lo permitió. Se removió en la silla y las ataduras de las manos se clavaron más en sus muñecas.

 

    ―Shhh… tranquila. Todo terminará pronto, te lo prometo.

 

    La muchacha no tendría más de veinte años. De largo cabello pelirrojo, estatura baja y complexión delgada. Su tez blanca se encontraba aún más pálida y algunos moretones se extendían por su cuello, allí donde él había jugado a estrangularla. Tenía puesto un vestido estilo tirolés de diversos colores, unas medias blancas y unos zapatitos rojos. Él se había encargado de vestirla de aquella forma el primer día de su llegada al infierno.

 

    Ahora parecía una muñeca sentada en un trono.

 

    El hombre jugó con el cuchillo, haciéndole pequeños cortes superficiales en el rostro y el cuello.

 

    Sonrió.

 

    Su rostro no se veía completamente, ya que llevaba una máscara estilo veneciana que le cubría la parte superior de la cara. Un sombrero negro coronaba su cabeza, escondiendo su cabello. Los ojos bailaron en la oscuridad y brillaron con las luces de la demencia, aunque el color de las pupilas era indefinido.

 

    Dejó el cuchillo a un costado, sobre una mesita, y agarró un objeto punzante. La muchacha lo miró horrorizada y el grito quedó atascado en su garganta, haciéndola ahogarse y estremecerse en un intento por respirar.

 

    ―Y ahora... ―dijo el hombre―. Es hora de ponerme a trabajar.

           

    La imagen se distorsionó, difuminándose lentamente hasta convertirse en un amasijo de figuras deformadas.

           

    Entonces desapareció…

 

    Chantal se removió incómoda en la cama. La luz entraba a raudales por la ventana. Abrió un ojo, enojada por haberse olvidado de cerrar las cortinas la noche anterior. Las imágenes de aquel sueño se encontraban en el interior de su subconsciente, y el único recuerdo que le quedó fue el del rostro aterrado de la muchacha.

 

    Durante unos minutos se sintió desconcertada, sin saber muy bien qué hacer, ni qué pensar. El sueño era muy diferente a los que estaba acostumbrada, por lo tanto, más que miedo, la había llenado de confusión.

 

    De pronto recordó dónde se encontraba.

 

    ―¡La filmación! ―exclamó saltando de la cama y lanzándose sobre el guardarropa para vestirse.

 

    Al bajar se encontró con una gran cantidad de personas enfrascadas en sus quehaceres diarios. No dejaba de asombrarla la cantidad de gente detrás de la filmación de una película, aquellos que hacen, en realidad, el trabajo más pesado. Sobre todo en una película de estas dimensiones.  

 

    Se sumergió en un camino lleno de obstáculos: cables, cámaras, lanzas, escudos de utilería, extras ensayando batallas, miniaturas de casas, animales de granja; y por fin pudo llegar hasta la habitación donde estaba el vestuario.

 

    ―Tú debes ser Chantal ―dijo una mujer mayor al verla entrar.

 

    ―Sí ―respondió ella mirando la gran cantidad de vestidos, armaduras y cotas de maya que se extendían ante sus ojos.

 

    ―Yo soy Sarah, especialista en vestuario ―se movió con rapidez entre las prendas de ropa y volvió hacia ella―. Aquí está el vestido que tienes que usar hoy ―añadió pasándole una hermosa prenda de gasa blanca―. Pruébala para ver si hay que hacer algunos arreglos.

 

    Chantal pasó a otra habitación más pequeña y se colocó cuidadosamente el vestido. Le quedaba perfecto, ajustado en la parte del busto y con una caída suave y delicada, se ceñía a su cuerpo como si hubiera sido confeccionado exclusivamente para ella. Estaba compuesto por varias capas de exquisita gasa, tan suave como la seda. En conjunto no dejaban traslucir nada, aunque a primera vista pareciese que sí.

 

    ―¡Perfect! ―exclamó Sara al verla―. Tal vez tendríamos que agrandar un poco la parte de arriba ―añadió tomándole las medidas con mano experta―. Pero eso es fácil.

 

    Al cabo de diez minutos Chantal salía con el vestido arreglado a su medida y una sonrisa dibujada en el rostro. Los retazos del extraño sueño comenzaban a desaparecer.

 

    ―¡Aquí estás! ―dijo Peter al verla―. ¿Lista? ¡Vamos a la locación!

 

    El camino hacia la cascada, que Jack le había enseñado el día anterior, era realmente complicado. Ir en auto era pasar horas viajando entre escarpadas colinas, para después caminar un largo trayecto, hasta toparse con aquel manantial de agua que brotaba con fuerza desde una roca en la cima de la montaña. Para acortar el tiempo, Peter tenía disponible un helicóptero que los estaba esperando cuando pisaron los terrenos aledaños al castillo.

 

    El viaje surcando los cielos duró apenas quince minutos, pero fue suficiente para que Chantal pudiera fotografiar en su memoria aquel lugar mágico que se extendía lejano a sus pies.

 

    Al bajar del helicóptero se encontró con que el resto del elenco ya estaba allí. Detrás de unos árboles había un grupo de jinetes vestidos con armaduras, las espadas desenfundadas, los maquilladores dándoles los últimos retoques.

 

    ―¡Vaya te ves preciosa con ese vestido! No me va a costar verme asombrado por tu belleza en la escena ―dijo Jack guiñándole un ojo al pasar junto a ella.

 

    Chantal sonrió y, dando media vuelta, se dirigió a la orilla de la cascada. Estaba segura de que su cara debía encontrarse roja por las palabras de Jack así que, para tratar de pasar el momento, se sentó en la orilla y con los dedos comenzó a tocar el agua cristalina que tenía frente a ella. Su mano se movió lentamente por la superficie dibujando pequeñas figuras azules, el olor de los árboles la envolvió junto con la brisa, mientras el cantar de los pájaros llegaba suavemente a sus oídos.

 

    Peter se acercó a ella junto con Jack y les dio algunas directrices para la escena. Era un hombre sencillo que con pocas palabras transmitía exactamente lo que quería, por lo tanto, era fácil captar el sentido de cada escena.

 

    La filmación comenzó y duró hasta que empezó a oscurecer. Satisfechos con los resultados volvieron al castillo, dispuestos a descansar antes de la siguiente escena.

 

    Fue entonces cuando Chantal leyó aquella noticia que la perturbó.

 

    Una de las cosas más divertidas de trabajar con personas de distintos lugares del mundo, eran las noticias. Cada uno quería leer los periódicos de su propio país, por lo que podías encontrarte con una gran cantidad de información mundial.

 

    El New York Times y el Washington Post de Estados unidos, Sydney Morning Herald de Australia, Corriere della Sera de Italia, Clarín de Argentina, Time y BBC News de Inglaterra; eran algunos de los periódicos que podías encontrar.

 

    Justamente fue el BBC News, que Will leía abstraído, el que atrajo la atención de Chantal. El titular rezaba en grandes letras mayúsculas “MUERE LA ULTIMA VICTIMA DEL ASESINO DEL ACIDO”.

 

    En realidad el titular no le decía nada particular, y no le hubiera prestado ni la más mínima atención, si no hubiera sido por la foto que lo acompañaba. Una mujer joven de cabellos rojos y tez blanca.

 

    ―¿Sucede algo? ―preguntó Will al ver que Chantal se había quedado petrificada, observando la pantalla de la tablet donde él leía.

 

    ―No, sólo me dio curiosidad la noticia del asesino ―respondió ella recuperándose rápidamente y señalando el artículo.

 

    ―¿Te refieres al asesino de Yorkshire? Si, es terrible ―Will le pasó la tablet para que ella pudiera leer el artículo completo―. Al parecer las muertes se remontan a hace varios años. No mata muy seguido, pero de vez en cuando aparece alguna. Debo confesarte que en Inglaterra están todos bastantes aterrados por este asesino suelto, pero ya sabes, nadie hace nada.

 

    Chantal se acomodó en un sillón junto a él y se concentró en la noticia.

 

    “Nuevamente el asesino serial de mujeres, llamado el Asesino del Ácido, es noticia. Su última víctima, Janet Williamson, una joven de diecinueve años, falleció ayer a la madrugada después de pasar dos meses en coma, debido a las heridas infringidas por el asesino.

 

    Janet desapareció el 3 de septiembre pasado al volver del trabajo. La policía se encargó de buscarla después de que sus familiares radicaran la denuncia, pero al no encontrar rastros de ella, la búsqueda se archivó junto a la de tantas otras mujeres que desaparecen por año. El 21 de septiembre un hombre encontró a Janet a la orilla de una carretera, y la llevó directamente al hospital. Al ser ingresada la muchacha confesó que había sido raptada por el Asesino del Ácido, y que había logrado escapar antes de que él terminara su trabajo. Sin embargo, debido a las heridas y a las quemaduras en su cuerpo, la joven perdió el conocimiento y cayó en coma. Ayer, luego de una larga espera en la que todos confiábamos en que la muchacha despertaría para prestar declaración, la joven falleció.

 

    La identidad del homicida es aún un misterio. Desde hace varios años que la policía busca rastros sobre este asesino que rapta y mata mujeres. Su modus operandi consta de varias semanas en las que tiene a las mujeres sometidas, hasta que al final les corta el cuello y quema sus cuerpos con ácido. Todavía no se sabe con certeza la cantidad de víctimas de este asesino serial, pero por el momento se le atribuyen los de diez mujeres encontradas en los últimos cinco años.

 

    La última esperanza para lograr un reconocimiento del homicida se esfumó cuando la única víctima que había logrado escapar falleció. Nuevamente la policía se encuentra sin pistas que los conduzcan a una rápida solución del caso.

 

    El caso del Asesino del Ácido o el Vampiro de Yorkshire, como algunos han comenzado a llamarlo, debido a que desangra a sus víctimas antes de quemarlas, continúa abierto.”

 

    ―Es terrible ―dijo la muchacha devolviendo la tablet a Will. Se la veía realmente afectada, tal vez fue por eso que el actor se animó a hablar.

 

    ―Cuando todo comenzó, hace unos años, la noticia recorrió todos los medios. Pero a medida que empezó a pasar el tiempo los medios extranjeros perdieron el interés ―Will bajó la vista, su rostro denotaba de pronto aflicción― Una prima mía, por parte de mi madre, desapareció hace dos años. Como sabes, yo nací y crecí en York, y mi prima en Leeds, ambas ciudades pertenecientes al condado de Yorkshire. Al ser una familia pequeña teníamos buena relación, incluso ella venía a pasar los veranos a mi casa. Cuando desapareció organicé una gran búsqueda por todas las ciudades; pero ni rastros de ella. No sé porqué comencé a obsesionarme con el Asesino del Ácido, de pronto la idea de que ella hubiera sido una de las víctimas se instaló en mi cabeza. Por eso le sigo el rastro desde entonces, creo que un día leeré la noticia de que los restos de ella fueron encontrados en algún almacén abandonado.

 

    Chantal se quedó muda ante la confesión de su compañero. Will Fovarch, el gran actor, uno de sus ejemplos a seguir, acababa de contarle uno de los eventos más trágicos de su vida. La verdad era que este hombre le había caído bien desde el primer momento en que lo vio. A veces uno piensa que el actor que tanto admiras se derrumbará cuando conoces a la persona. Pero en el caso de Will la admiración de Chantal iba en aumento. Era un hombre sencillo, ameno, fácil de tratar y sin ningún tipo de excentricidad.  Y ahora se lo veía realmente abatido.

 

    ―Vaya, lo lamento mucho ―atinó a decir colocándole una mano en el hombro.

 

    Jack apareció en ese momento y se acercó a ellos con gesto preocupado. Sus ojos lograron vislumbrar el titular que aún titilaba en la pantalla de la tablet.

 

    ―Una nueva noticia sobre él ―dijo despacio.

 

    Will asintió lentamente y Chantal vio que entre ambos hombres había una especie de pacto silencioso sobre el tema.

 

    ―Si necesitas… ya sabes, hablar o algo… sólo dímelo ―se ofreció antes de ponerse de pie y dejarlos solos.

 

    Las cosas ahora sí se habían puesto realmente raras. Ya no cabía la menor duda de que su sueño de la noche anterior era sobre Jannet, la última víctima del Asesino del Ácido. Pero había dos cuestiones que realmente la inquietaban:

 

    Por un lado, sus sueños normalmente eran metafóricos y necesitaban alguna clase de interpretación, aunque en algunas ocasiones, había soñado con situaciones concretas donde veía sin duda alguna lo que iba a suceder. Sin embargo era la primera vez que soñaba con un hecho del pasado, ya que había visto cuando la víctima estaba en manos del asesino, a pesar de que eso había sucedido hacía tres meses. 

 

    Y lo otro era, ¿por qué soñaba con un asesino del que nunca había escuchado hablar y de un país que ni siquiera conocía?

 

    ¿Qué diablos tenía que ver ella con el Asesino del Ácido?    

 

    Esperaba que pronto sus sueños comenzaran a darle algunas respuestas.

 

 

© 2012 – Julieta P. Carrizo – Todos los derechos reservados.